Antes de juzgar mi vida o mi carácter...ponte mis zapatos, recorre el camino que he recorrido, vive mis penas, mis dudas, mis carcajadas...!!! Recorre los años que he recorrido y tropieza ahí donde tropecé y levántate así como yo lo he hecho...!!! Cada cual tiene su propia historia y entonces ahí podrás juzgarme!!!
(Patricia Elena Vilas, poeta de la República Argentina)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

II (DESPUÉS DE QUE ME HAYA QUEDADO SIN TIEMPO)


Una ruina encerrada en un rostro fue tu vida; tu historia, un
vacío inmenso entre una mujer y cinco lirios. Fuiste un hombre
atrapado en las medidas, en un almanaque de lunas en sangre
florecidas.

Siempre te contemplé como un caminante silencioso, ex-
perto en horas de azules antiguos, cansados. Labraste con tu
quietud una tierra sin auroras. Un día cualquiera llegabas
con tus alas invisibles y emprendías la huida. Así siempre. Yo
te buscaba con mi vibrante angustia de caracola solitaria por
tus ojos, por tus brazos y tu frente, rogándole al dios de todos
los ahogados que me ayudara a comprender tus ojos carga-
dos de sombras, que nunca miraban a la luz; a navegar por
tu cielo desconocido, distante; a reconocer la luz olvidada de
tu alma y aquel dolor amargo, tan tuyo, de ciprés entre las
yedras.

Te he contemplado deshecho, dejándote la salud sobre
piedras confusas, saltando del bancal al asfalto en la búsqueda
de un claro de sol que bendijera tu vida. Nunca me acostum-
bré, no, a tu ausencia. Jamás pude comprender las razones de
tu voz inconcreta.

No todo sigue igual desde que te marchaste porque todo
murió contigo. Hoy sigo pensando en ti, tratando de saber
quién eras realmente. Cuando me agobia la soledad, vaga-
bundeo como todos los hombres olvidados que sueñan algún
aroma mientras beben las huellas de la tarde en cualquier
taberna oscura.

Mi vida aún conserva el latido de tu descuidada sonrisa
de Júpiter acaso detenida en el gesto de tu sueño fronterizo.
Entre los restos de la casa adivino tus presencias; tus pupilas
entreabiertas anhelando el horizonte; tu corazón lacrado y el
valor inmenso de tu hombría, alma humanizada.

Después de que me haya quedado sin tiempo te digo que
no permitas que desaparezca tu sol sobre mi pecho, que tu
corazón está cuajado en el mío y que necesito levantar mi
cabeza hacia los lirios y los pájaros.