Antes de juzgar mi vida o mi carácter...ponte mis zapatos, recorre el camino que he recorrido, vive mis penas, mis dudas, mis carcajadas...!!! Recorre los años que he recorrido y tropieza ahí donde tropecé y levántate así como yo lo he hecho...!!! Cada cual tiene su propia historia y entonces ahí podrás juzgarme!!!
Patricia Elena Vilas, poeta de la República Argentina

viernes, 20 de junio de 2014

Porque la memoria es un latido


      Porque la memoria es el latido incesante que levanta mi rostro hacia el horizonte, canto a la vida por ti. Tú no eres un pensamiento mío, ni  recreación ni evento para argumentar el vino de la vida. Eres el misterio de cualquier luna de la Sierra Perdida que te vio nacer, la voz que con su encendido silencio hace florecer las ramas de la viña.

     Inundando de amor mi corazón, me enseñaste a sacarle el jugo a la vida dejándolo abierto a las brisas, al horizonte, a la luz y a la espera de la lluvia. Hoy en esta carta que te escribo quiero expresarte que tu marcha definitiva ha aumentado mi aflicción. Pese a ello, vivo  tu encarnación en el recuerdo de tus frutos que he guardado para regalarlos, porque, como tú, voy a morir sin nada.

     Cada día dibujo mis sueños en las paredes de la casa, te descubro en el milagro de la lejana luz del poniente prendida del balcón, aquella que tantas veces iluminaba tu rostro impenetrable inflamado en llanto.

   Te busco entre la madeja de voces de los niños que juegan en la plaza y te descubro sentado, como tantas veces, en el banco auscultando el aire, abierto tu cajón azul de mariposas como un arcángel con gesto indiferente.

     Vengo a morirme un poco en cada una de las palabras de esta carta que te escribo. Estas palabras que han servido para pronunciar el amor en el borde de unos labios sin dueño, las mismas de mi agonía emocionada en el poniente más violeta.


     La casa, sin tu presencia, solo tiene Luna y rejas. No es que nos invada la tristeza por tu marcha inevitable, no, es que nunca llegará el caballo de fuego de tu poblado silencio que labró en nuestras vidas, sin saberlo, un tiempo orillado entre azucenas.