Antes de juzgar mi vida o mi carácter...ponte mis zapatos, recorre el camino que he recorrido, vive mis penas, mis dudas, mis carcajadas...!!! Recorre los años que he recorrido y tropieza ahí donde tropecé y levántate así como yo lo he hecho...!!! Cada cual tiene su propia historia y entonces ahí podrás juzgarme!!!
Patricia Elena Vilas, poeta de la República Argentina

domingo, 2 de noviembre de 2014

V (DESPUÉS DE QUE ME HAYA QUEDADO SIN TIEMPO)

En el frondoso jardín del alto aire guardo una brisa de mar
en calma y un canto de poblado silencio. Digo tu nombre y
una fecha: 1978.

Un lirio imposible —en el último trance del lugar sitiado—
inicia el camino de un ensueño de vida lejos de la casa de cartón. En las besanas del bancal tricolor quedan:
el temblor de mi vida inédita, el fuego del perfume de mis primeros sueños  el viento del poniente esparciendo
el polen azul de la sangre.

Tengo que decirte que 1978 marcó el antes y el después
de mi relación contigo. Aquel año trajo el alivio para ti,
transeúnte diario entre el llanto del hombre y el latido
del niño que nació con el soplo de la aurora. Te hiciste
canto y alma vertiendo silencios poblados de amor,
sonrisas tiernas y perfume de tibia azucena como frutos
más del troj.

Ya no contemplo tus ojos de niño, ni oigo tu fuerte pisada.
Has muerto para los seres de mirada endurecida, aquellos
paganos que invocaron plegarias de odio y enarbolaron
estandartes ultrajando tu historia, pero no para mí. 

Tú has sido un hombre justo y limpio respirando por tus
cinco espigas; recio, manso y de corazón granado en una
tierra labrada de nieblas enloquecidas. Desde que tuviste
tu cita con la muerte me he quedado sin respuestas ante
una vida, la tuya, deshabitada de ti mismo.

Hoy, con esta pena tan inmensa por haberme quedado sin
tiempo, quiero escribirte para que sepas que aún existes
dentro de mí. No me abruman las tormentas de preguntas
sin respuesta sobre tu vida invisible, ni tampoco me desespera
el hueco largo entre tu vida y la mía, ni el pan caído al fango 
del zulo, ni las pupilas hondas ausentes de luz. Estoy sereno 
porque te amé verdaderamente.

Tu enseñanza constante, tu noble gesto acariciando la tierra
que pisaste, el primer cigarrillo que me ofreciste, tus toses a
escondidas para no alarmar mi descanso, tu coraje al 
levantarte después de las caídas —innumerables— a lo largo
de tu historia...Y ese silencio en la flor de tus labios.

Tú dejaste mi sangre a la luz de un cirio que no pudo apagar
el soplo de la muerte. Ahora, después de que me haya 
quedado sin tiempo que ofrecerte, vas, vienes, sales, entras, 
subes, bajas,cortas, labras, suplicas, amas, observas… 
Creces en tus cinco lirios como un gajo de hombre gigante 
y sigues sin negarles tu latido a los barbechos.