Antes de juzgar mi vida o mi carácter...ponte mis zapatos, recorre el camino que he recorrido, vive mis penas, mis dudas, mis carcajadas...!!! Recorre los años que he recorrido y tropieza ahí donde tropecé y levántate así como yo lo he hecho...!!! Cada cual tiene su propia historia y entonces ahí podrás juzgarme!!!
Patricia Elena Vilas, poeta de la República Argentina

miércoles, 28 de mayo de 2014

Todo lo tuyo fue hermoso





  Todo lo tuyo fue hermoso. Hoy, después que me he quedado sin tiempo, comprendo  cada uno de los instantes que te hicieron como obras humanas efímeras; aunque cortas y leves, cargadas de eternidad.

  Tu vida, una  constante plegaria, crecida; abiertos tus brazos al Sur hacia un lugar imposible, precipitaron tu muerte en vida, impuesta por manos desleales.

  Has sido el ser más bello que he conocido entre los hombres, sagrado, misterioso, dulce y sereno. Tu presencia y tu silencio al ser irreductibles me hacían verte como un niño envejecido. En el silencio sembraste los nombres de tu hermosa vida interior; de la libertad más alta, tu vida en el aire. Tu mirada encendida -nunca tu palabra-  luce como estrella en el firmamento donde vivo.

  Después que me he quedado sin tiempo, quiero expresarte, a través de este mundo de la palabra, que aunque fuiste insultado y maltratado hasta la humillación más sangrante por una corte de desleales que, royendo tus logros, intentaron el olvido y el fin de tu memoria, ni en tu vida ni en tu muerte alcanzaron su propósito.

   Hoy te digo gracias por haber luchado:

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba
”.

                               Miguel Hernández
Cantando espero a la
 y haber devuelto la luz a tu mujer y a tus cinco hijos.

  Desde aquí exalto tu nombre -escribiéndote-, aunque lo sea después que me he quedado sin tiempo, desde el rincón de la casa donde vivo y te recuerdo. Día tras día pagaste tu libertad a precio bien alto. Tus ojos, tus costumbres, nunca tus labios, fueron los de un hombre que vivió en el silencio más profundo su mundo de amor y de trabajo, una vida tierna hasta su esplendor máximo en el ocaso.

   Pagaste bien caro tu silencio de vida en una tierra donde la lengua de las arpías te sembraron la muerte impuesta. En aquel yermo, al grito de <<Muera la ternura>> que las definía en su maldad, te negaron la vida, pero tú llegaste al final sin doblegarte, aunque sin haber conocido la alegría ni la libertad ni la comunicación de tu pensamiento:

  “Cantando espero la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas”.

                             Miguel Hernández
Cantando espero a la

     Soy tu hijo, y lo soy a la manera que aprendí de ti, un hombre con vida interior tan sólo. Nací de ti con la carga del silencio y sin haber sabido cambiar mi vida externa. He crecido por dentro, hablándome a mí mismo y en manos de la poesía. En mi adolescencia secuestrada leí aquel verso de Miguel Hernández /Pero el silencio puede más que tanto instrumento/, y desde entonces supe realmente quien eras y quien fuiste para mí:


“El cabo al que he ido agarrado en mi vida de náufrago”